Seguir sus pasos (o sobre el movimiento libre en los bebés)

 el Crianza respetuosa, Juegos y juguetes, Movimiento Libre

Ya hace unos cuantos años me di cuenta que bajar escaleras era para mí una actividad de riesgo. Sí, sí, ¡de riesgo! Después de rodar por ellas más de una vez, casi sin darme cuenta, adquirí una técnica para no caerme, y cada vez que bajo escalones me digo a mí misma “izquierda” o “derecha” dependiendo del pie que está bajando, hasta hoy en día. Cuando tuve a mi primer hijo encontré una tribu preciosa en un grupo de crianza. Allí accedí a información sobre el movimiento libre de los bebés, y entonces oí en mi cabeza a mis padres diciendo aquello de “Tú nunca gateaste, tenías muchas ganas de caminar”. Y en ese momento lo entendí todo.

Encontraréis en la red cientos de artículos de personas especialistas en movimiento libre que os explicarán con lujo de detalles cómo se desarrolla motrizmente un bebé si lo dejas desenvolverse a su ritmo, sin hacer absolutamente nada por él. Sólo que pongas las palabras Emmi Pikler y movimiento libre en tu buscador, accederás a un montón de información. Pero yo aquí sólo te voy a hablar de mi experiencia como madre. Porque de la maternidad hay mil cosas que me han sorprendido y que me sorprenden, mil encuentros con la propia sombra como diría Laura Gutman, pero acompañar el movimiento libre de mis hijos ha sido de las cosas más alucinantes y más emocionantes, algo que nunca imaginé.

Ver a mi hijo menor durante días adquirir la fuerza y buscar el modo para sentarse ha sido algo mágico. Ver cómo ambos empezaron a correr… morí de emoción. ¡Cuánto me he reído viéndolos aprender a saltar! Y también, para qué engañarnos… cuánto sufrí con las esquinas de las mesas cuando el mayor se dio cuenta que le encantaba girar sobre sus propio cuerpo y caer mareado al suelo. Y cuánta inquietud viendo cómo se quejaban porque no sabían cómo volver a girarse boca arriba, midiendo hasta dónde sosteníamos ambos esa situación.

En nuestro mundo, en general ponemos la mirada en los dos grandes hitos motrices de los bebés, o sea en cuándo gatean y en cuándo andan. Parece que hay unos tiempos marcados muy estrictos que generan mucha angustia cuando no se cumplen. Hace poco en la consulta de la pediatra, una madre comparaba a su bebé de 8 meses que “aún” no gateaba con otra de 7 que lo hacía “ya” con bastante soltura. La madre, preocupadísima, pasó un buen rato motivando a su hija a coger un juguete que estaba lejos. Lo intentó de todas las maneras, la puso sentada, la puso en posición de gateo aguantando su espalda, y hasta la empujó por los pies. Si lo intentaba, su mamá, que no dudo que la adora, la animaba entusiasmada. Si abandonaba, le hablaba en tono de decepción. Así hasta que la niña empezó a llorar. Y es que a menudo, en esta y otras tantas cosas, no nos damos cuenta de cuánta presión ejercemos sobre nuestros hijos y en qué poco confiamos en ellos. Seguramente porque en nuestra sociedad se confía poco en los niños en general, los vemos sólo como futuros adultos y no los miramos ahora, hoy, con lo que son y lo que nos pueden aportar.

Si alguien pudiera explicarle a esa madre la importancia del movimiento libre y que gatear y andar son sólo dos pasos dentro de un mundo entero de movimientos por descubrir, ¡cuánta angustia se ahorrarían ella y su hija!

Observando a mis hijos, me sorprendí viendo que cada uno de ellos hizo su camino de un modo completamente distinto. Mientras uno decidía sentarse de golpe un día, el otro pasaba días y días probando hasta levantarse un poco más. Uno, en cuanto empezó a caminar ya gateó muy poquito, mientras que el otro gateó hasta mucho tiempo después de aprender a andar. Un mismo camino, dos personas distintas transitando por él. Y es que dejarles hacer su camino hace florecer su personalidad y sus ritmos.

Acompañándolos me he maravillado de cómo han ido sintiendo sus cuerpos, cómo se han ido apoderando de ellos palmo a palmo. Me gusta pensar que su primer juguete ha sido su propio cuerpo, que el acceso libre a él y sus movimientos les hace estar más en sí mismos, conectar más con quienes son, con sus límites, y con dónde están en cada momento. Me emociona ver que a través del movimiento libre, les hemos dado autonomía, derecho a decidir, voz y voto en sus vidas. Puestos a alegrarnos tanto, me satisface mucho también haberme ahorrado la fase de dolor de riñones cogiendo las manos de mis hijos antes de soltarse a andar.

Os animo pues a observar a vuestros bebés, a respetarlos, a confiar en ellos y a admiraros con cada conquista de su cuerpo. Sólo hace falta seguir sus pasos, porque ellos saben hacia dónde van. Son momentos inolvidables, os lo aseguro.

Comments
  • Arantxa Rodríguez Vázquez
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    Se puede decir más alto pero no más claro!! Es precioso ver a un bebé que va adquiriendo por sí sólo y en su momento todas estas habilidades! Viva Pikler y viva las Nostrumpiklers! Un besazo

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