La ingenuidad de algunas madres primerizas (como yo) o… ¡pesadilla navideña!

 el Maternidad, Navidad, Sobre La Tribu

Ayer hablando con mi otra parte de La Tribu Maternal salió el tema Navidad.

Tenemos sensaciones diferentes en esta época del año. Una parte es más ñoña y la otra menos ñoña… por decirlo de alguna forma.

Y salió el tema del agobio de tener un bebé en Navidad, que así rápidamente resumimos en dos grandes puntos:

Punto 1:

Que pase por las manos de todo el mundo como si fuera el juguete nuevo de estas navidades para todos los familiares y amigos.

Pero cuidado, no lo tengas mucho tú, que entonces lo estás #sobreprotegiendo.

Punto 2:

Que observen y juzguen (incluso a veces sin ni siquiera observar) tu modo de cuidar a tu bebé en un momento tan sensible para ambos.

Cuidar es un amplio término que puede incluir desde el cambio de pañal, la lactancia (sea artificial o pecho), el sueño, la comida, el abrigo, el llanto… y un largo etcétera que podríamos encontrar en el índice del libro “La Crianza Feliz” de Rosa Jové. Por supuesto, hablo de índices, porque los contenidos pueden ser muy pero que muy dispares.

Y así de golpe me dí cuenta. Yo, madre primeriza en plena Navidad, me había documentado de muchas cosas, pero en ningún momento estos dos puntos fueron temidos por mí. Ni temidos ni pensados. No pasaron por mi cabeza en ningún momento durante los nueves meses de embarazo.

¿Y sabéis qué? En mi caso lo considero una bendita ingenuidad.

Porque el embarazo es un estado de buena esperanza. Y para mí así fue.

Y porque en el momento que tuve en mis brazos a mi primer hijo, no lo pensé, pero actué defendiéndonos a él y a mí de todos estos aspectos como una leona.

Y aunque reconozco que con mi segunda hija (también nacida en Navidad) ya tenía mi sonrisa y mi sordera preparadas para afrontar estas situaciones, no hubo mucha diferencia con el primero.

El primer bebé se salvó* por mi ingenuidad y mi instinto. El segundo se salvó por mi sonrisa y mi sordera falsas.

Y para acabar este post… te sugiero algunas cosas que a mí me han servido para salir airosa de preguntas o comentarios un tanto incómodas:

– Hazte la sorprendida/sueca, “ah, ¿sí? ¡Fíjate! ¡Estaré atenta!”… y mira para otro lado.

– Sonríe, asiente y emite, si quieres, un “ajá….” y mira para otro lado.

– Proclama convencidísima que casualmente tu pediatra, tu ginecólogo, la OMS o la Asociación Que Se Te Ocurra opinan todo lo contrario… y mira para otro lado.

* Salvados es un término relativo, hubo momentos que no lo consideré así. Ahora desde la distancia y mi buen humor, lo doy por bueno.

Al final se trata de no estar disponible para que nadie aboque sobre ti todas sus quejas, incomodidades y prejuicios. Seguro que encuentras tu modo de vivir con ello y disfrutar de la Navidad.

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