El respeto a las emociones

 el Crecimiento, Crianza respetuosa

Mi hija cuando llora, llora de verdad. Tiene esa habilidad. Puede ser por cualquier situación, pero cuando llora se descompone.

Tú cómo adulto lo ves, lo sientes y lo padeces. Pero si algo he aprendido en estos casi seis años de maternidad, es diferenciar lo que siento yo de lo que siente mi hija de tres años.

Mi hija grita, le caen lágrimas y se transforma.

De su cara han desaparecido esos enormes ojos llenos de curiosidad, esa sonrisa de oreja a oreja, esa naricita tan pequeña y tan mona.

En su cara aparecen unos enormes ojos de rabia, una boca desencajada y una nariz roja y arrugada.

Su cuerpo ha dejado de ser liviano. Sus piernas y sus brazos han dejado de moverse con suavidad.

Su cuerpo está agarrotado, pesa mucho. Sus piernas y brazos se agitan al compás de los gritos que emite.

Y a mí se me rompe el alma.

Al principio el sentimiento es de cansancio, fatiga y enfado. Un #yaestábien! o un #otraveznoporfavor aparecen en mi mente. Antes aparecían en mi boca, ahora la mayoría de veces solamente queda en mi pensamiento.

Luego el sentimiento se convierte en empatía, en un #teentiendo pero no sé como ayudarte.

Y una vez el sentimiento es #tepermitoquelloresygrites y #solamentevoyaacompañar en tu dolor, y #aquíestoycuandomenecesites, el alma se recompone.

Porque hay que diferenciar muy bien las fases de cada uno. Los sentimientos de cada uno. Y el respeto a las emociones de cada uno.

Porque cuando mi hija grita y salta de alegría, a mí se me agranda el alma de felicidad.

Porque cuando mi hija grita y salta de rabia, a mí se me rompe el alma de cansancio y tristeza.

¿Pero, qué le pasa a mi hija? ¿Qué le está pasando a su alma? Nada que ver con lo mío.

Cuando mi hija llora, llora de verdad. Con sentimiento. Con su sentimiento. La razón y el porqué llora yo no la puedo valorar.

Yo lo siento así, ella llora de verdad.

Y no la quiero hacer parar, porque llorar es legítimo. Igual de legítimo que reír.

Porque ella tiene el derecho de comprobar sus emociones, de sentirlas, de aprender a controlarlas a su tiempo.

Solamente es mi cansancio, mi fatiga y la mochila emocional que yo arrastro, la que puede afectar a su derecho.

¿Nos animamos a respetar las emociones?

 

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